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No hace falta ser precisamente un premio Nobel para saber que vivir en zonas donde abunden los entornos naturales y la polución se reduzca al mínimo dispara la calidad de vida de cualquier persona. Desde hace ya varias décadas no han sido pocos los estudios que han plasmado esta intuición en datos concretos. Sin embargo, una nueva vertiente de esta línea de investigación ha comenzado a analizar el impacto que las zonas verdes tienen en nuestra salud mental.

Un ejemplo es el reciente estudio realizado por investigadores de la School of Biological Sciences de la Universidad de Adelaida (Australia) y publicado en la revista Science of the Total Environment.

Liderada por Craig Liddicoat, investigador senior del Natural Resource Management del Departamento de Medioambiente, Aguas y Recursos Naturales de Australia, la investigación se centró en el análisis de los efectos de un aerobioma biodiverso en la microbiota intestinal de un grupo de ratones. Para ello, expusieron a los animales a un tipo de suelo donde la biodiversidad era de carácter muy amplio, procediendo a continuación a observar los efectos en los animales de habitar un suelo donde la biodiversidad era baja o directamente inexistente.



 


El resultado fue el hallazgo de cómo una bacteria conocida como Kineothrix alysoidesjuega un papel muy importante en la reducción de los niveles de ansiedad en los roedores. La posible explicación que aporta el equipo de Liddicoat tiene que ver con la producción de butirato, un ácido graso voláti con demostrados efectos beneficiosos para la salud cardiometabólica e intestinal. A su vez, el origen del butirato se encontraría en precisamente en los suelos con gran biodiversidad ya que esta molécula se encuentra asociada a la descomposición de material vegetal. Y, aquí la clave que la vincula con nuestro organismo, también con la salud intestinal y mental en seres humanos, según estudios recientes.

Según Liddicoat, “la flora intestinal de los ratones ubicados en zonas de alta biodiversidad se vio complementada con Kineothrix alysoides”, observándose una correlación entre el aumento de esta bacteria y la reducción de la ansiedad en los animales.

Una vez más, parece que la ciencia vuelve a confirmar la urgente necesidad de considerar los espacios naturales como algo más que zonas de ocio o incluso como balones de oxígeno con los que escapar de las escafandras de polución de nuestras ciudades: quizá ahora consigan entenderse como un recurso fundamental también para nuestra salud mental.
 

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Nov 19, 2019 Por Zinkinn Admin

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