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Ponerse en el lugar de la otra persona siempre ha sido una característica recurrente a la hora de tratar de definir lo que nos hace humanos. Es lo que conocemos como empatía, una cualidad con la que, entre otras cosas, somos capaces de entender el grado de aflicción física y psicológica que puede sufrir uno de nuestros semejantes. Sin embargo, un reciente estudio neerlandés es posible que haya aportado dos descubrimientos fundamentales a este respecto: que no es tan exclusivo de los seres humanos y, especialmente en relación al hallazgo, dónde y cómo tiene lugar este fenómeno dentro de nuestro cerebro.

Investigadores del Instituto Neerlandés de Neurociencia de Amsterdam han descubierto que la habilidad para sentir el dolor de los demás se encuentra estrechamente relacionado con las conocidas como “neuronas espejo” ubicadas en el córtex cingular anterior (CCA), un área muy activa cuando experimentamos dolor pero, al parecer, también cuando lo observamos en los demás.

Publicado en la revista Current Biology, el estudio describe cómo el hallazgo surgió al observar cómo las neuronas espejo del CCA de las ratas se activan no sólo cuando el animal experimenta el dolor, sino también cuando uno de los animales contempla el sufrimiento en uno de sus congéneres. Esta observación resultó especialmente reveladora para los investigadores ya que, como afirma Christian Keysers, profesor del instituto y principal autor del estudio, tiene lugar exactamente en la misma región cerebral que en los humanos.




 

Partiendo de estos datos, los científicos quisieron probar hasta qué punto la actividad de esta zona del cerebro influía en la posibilidad de encontrar sujetos con características psicopáticas de cero empatía. Al inducir una descarga eléctrica de intensidad moderada en uno de los animales y previamente suprimir la actividad de las neuronas del CCA activas en los procesos de empatía, encontraron que las ratas que actuaban como testigos ya no mostraron signos de una conducta empática.

Para asegurarse de que las reacciones que experimentaban los animales durante la prueba coincidían con procesos vinculados al dolor, los científicos plantearon dos premisas ineludibles a la hora de considerar válidos los resultados: por un lado, la respuesta del cerebro debía ser selectiva. Por otro, el circuito cerebral que se activase durante la observación del dolor en sus congéneres debía ser similar al activado durante el proceso del dolor propio. Los resultados cumplieron con ambos requisitos.

Según el profesor Keysers, el estudio permite consolidar las diferentes teorías sobre cómo la falta de empatía puede presentarse como resultado de una psicopatía y otros trastornos de carácter mental. “Además, también nos muestra que la empatía, la habilidad para sentir con las emociones de los demás, se encuentra bien enraizada en nuestra evolución.” ha afirmado Keysers.

 

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Abr 25, 2019 Por Zinkinn Admin

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