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Que la resistencia bacteriana es uno de los grandes retos de la salud mundial ya es una realidad. Y no sólo a nivel general, sino un problema al que se enfrentan todos los países, según recoge la propia Organización Mundial de la Salud. Hasta ahora una de las principales causas atribuidas a la resistencia bacteriana era el abuso de antibióticos, ante los cuales estos microorganismos habrían desarrollado un mecanismo de defensa que les permitiría impedir, por ejemplo, que el componente destinado a eliminarlos penetrase en la célula. Sin embargo, esta teoría (alrededor de la cual se están realizando las numerosas investigaciones que buscan una solución al problema) parece haber sido matizada con un estudio reciente que, si bien no niega esta posibilidad, sí que la completa con otra muy interesante.

Investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza) han identificado un mecanismo de resistencia antibiótica hasta ahora desconocido.

Algunas bacterias, como la Salmonella,poseen una capacidad de persistencia de sobra conocida por los investigadores médicos, pudiendo sobrevivir en nuestro organismo (en este caso nuestros intestinos) gracias a un mecanismo que les permite mantener un “perfil extraordinariamente bajo.” Esto es posible gracias a reducir la actividad de su metabolismo a niveles muy bajos, hasta tal punto que resultan indetectables. No obstante, pese a que tras este estado durmiente puedan regresar a la vida y ser detectadas y atacadas, el riesgo se concentra, precisamente, en su presencia durmiente dentro del organismo.




Tal y como hallaron los investigadores liderados por el profesor Médéric Diard, de la Universidad de Basilea, las bacterias persistentes como la Salmonella pueden albergar genes resistentes en la forma de pequeños fragmentos de ADN denominados plásmidos. La gran amenaza, según han demostrado sus experimentos con ratones, consiste en la posibilidad de que estos genes sean transmitidos no sólo a miembros de la misma especie bacteriana sino, también, a bacterias de otras especies, transformándolas en resistentes.
 

De esta forma, el estudio, publicado en la revista Nature, plantea una nueva vía de investigación donde el abuso de antibióticos no es el único ni, quizá, el principal origen de la tan temida resistencia bacteriana. Tal como afirma el profesor Diard, medidas como evitar el abuso de estos medicamentos son importantes, pero también medidas como una higiene más intensiva (especialmente en hospitales y centros médicos) o las vacunaciones.

 

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Sep 19, 2019 Por Zinkinn Admin

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