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Las distracciones pueden afectar a tu percepción de la realidad según un nuevo estudio

Ciencia, cultura y sociedad
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Que vivimos en la era de la distracción no es ninguna sorpresa para nadie. Esta percepción tampoco es tan reciente como podría parecer: ya con la llegada de los medios de comunicación masivos y la publicidad, a finales del siglo XIX, no fueron pocos los artículos que se publicaban en torno a los “peligros” de la saturación de información y estímulos del mundo moderno. Sin embargo, la era digital ha puesto el listón muy alto y con cada nuevo avance tecnológico no son pocas las voces que advierten sobre los riesgos de lo que denominan como una “sobreexposición.” Pero, ¿hasta qué punto esto es real? Dejando a un margen el profundo debate que gira en torno a lo que podemos considerar distracción y lo que no, existe una cuestión de base que ahora psicólogos de la Ohio State University de Columbia han tratado de resolver en un reciente estudio: si las distracciones nos afectan de un modo significativo, ¿cómonos afectan?

Publicado en el Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, la investigación plantea que tras una distracción las personas podemos llegar a creer en realidades (o al menos una realidad “objetiva”) muy diferentes de la que hemos percibido originalmente a través de los sentidos, sin que seamos conscientes de ellos e incluso presentando elevados niveles de certidumbre al respecto.

Pero, ¿cómo podemos “medir” los niveles de veracidad de la realidad? Como hemos comentado, empleando estímulos lo más objetivos posibles como, por ejemplo, una serie de colores básicos.

Los investigadores de la Ohio State University, liderados por Julie Golomb, profesora de psicología asociada del centro, pidieron a 26 participantes que se concentraran en uno de los cuatro cuadrados de color que les proyectaron en una pantalla, añadiendo una distracción en forma de color brillante alrededor de uno de los otros cuadros de vez en cuando. A continuación, procedieron a mostrar a los participantes una rueda de varios tonos de color y les pidieron que eligiesen el rango de color más cercano al del cuadrado sobre el que se concentraron. Si elegían una gama de colores limitada, se consideraba que habían tomado una decisión confiando en gran medida en su percepción. Por otro lado, si escogían un rango muy amplio, se valoraba una opción elegida con alto índice de duda.

Julie Golomb, FABBS.
 

Los resultados fueron de lo más interesantes: el nivel de confianza siempre fue elevado, tanto cuando seleccionaban el color que les distrajo como el del cuadrado sobre el que debían concentrarse, llegando en algunas ocasiones a elegir un tono diametralmente opuesto al color de la distracción para poder sobrecompensar la desviación de la atención y la información recibida.

“Todo lo que recordamos tiene que pasar primer por nuestro sistema perceptual. Eso significa que primero tenemos que ver y luego recordar. Tiene mucho sentido considerar, pues, que si algo sufre una alteración en el nivel perceptual el error se mantendrá en la memoria.”, explica Jiageng Chen, co-autor del estudio.

Cómo afecta esto a las decisiones y valoraciones que realizamos en nuestro día a día será uno de los siguientes pasos en las investigaciones del grupo.