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Dos de los factores de riesgo más conocidos sobre el cáncer son la edad y el aumento de peso. Sin embargo, los investigadores médicos llevan tiempo haciéndose una pregunta que, a priori, puede resultar de lo más evidente: ¿por qué las ballenas, el mamífero más grande del planeta (y uno de los más longevos), parecen ajenos a esta correlación? De hecho, son uno de los animales con menor índice de padecer cáncer, un dato que suele sorprender a propios y extraños ya que, en efecto, la enfermedad se encuentra presente en la naturaleza desde hace millones de años.

Aunque pueda parecer una preocupación sanitaria relativamente reciente, tomando la historia del ser humano como referente, el primer caso de cáncer se remonta a 1,7 millones de años atrás. Se trata de un osteosarcoma detectado en los restos óseos de un individuo localizado en una cueva de Sudáfrica. Además, el cáncer es la principal causa de muerte en perros, gatos y algunos tipos de reptiles, aves y peces, tanto en cautividad como salvajes.

Esta prevalencia de la enfermedad a lo largo del tiempo y las especies es la que ha impulsado a numerosos investigadores a tratar de hallar claves para desarrollar nuevas terapias en otros animales. Y en esta ocasión le ha tocado el turno a las ballenas.

Los mamíferos han sido el centro del estudio de un equipo de investigadores de la Universidad de Arizona del Norte y la Arizona State University, publicado en la revista Molecular Biology and Evolution, y en el que se han detallado los mecanismos por los que las ballenas presentan una mayor resistencia al desarrollo de tumores.

Salt, una ballena jorobada adulta hembra que pasó su vida en las aguas de la costa de Massachusetts, fue la elegida para realizar un estudio minucioso de la piel de este tipo de mamíferos. Concretamente, se procedió a realizar la secuenciación del ADN y ARN de la piel del animal con la intención de obtener su mapa genómico. Una vez obtenido, los investigadores compararon los datos con el mapa genético de varios mamíferos, incluyendo miembros de otras 10 especies de cetáceos diferentes.

El estudio comparado de estos mapas reveló cómo una parte muy concreta del genoma de las ballenas ha evolucionado mucho más rápido que en el resto de mamíferos. Según apuntan los investigadores, se trataría de la parte que contiene los genes reguladores del ciclo celular, la proliferación de las células y el proceso de reparación del ADN intracelular. Además, también se observó cómo las ballenas poseen un número mucho más elevado de genes supresores de tumores que el resto de mamíferos, incluido el ser humano.




 

“También hallamos cómo, más allá de estas partes del genoma de las ballenas relacionados con el cáncer que han evolucionado más rápido que en el resto de mamíferos, estos animales han acumulado muchas menos mutaciones del ADN en sus genomas a lo largo del tiempo que otras especies, lo que sugiere que poseen una tasa menor de mutaciones.”, explica Marc Tollis, profesor de la Universidad de Arizona del Norte.

La importancia de estos hallazgos no pasa desapercibida para la comunidad científica: es posible que ésta sea la primera piedra de futuras investigaciones que, quizá, puedan permitir a futuros equipos de investigadores desarrollar nuevas aproximaciones terapéuticas a la enfermedad basándose en modelos celulares de estos animales.

 

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Mayo 24, 2019 Por Zinkinn Admin

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